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Incluir lácteos en un plan balanceado de alimentación cuida el sistema inmunitario

Por sus componentes, los lácteos resultan un alimento clave para todas las etapas de la vida. Un sistema inmunitario fuerte y apto para prevenir enfermedades no es una coincidencia si se mantiene una alimentación variada y balanceada, sin omitir lácteos.


Nuestra experta:


Valeria Valencia, Nutricionista humana con una maestría en Salud Pública. Es Nutricionista y

jefe de servicio de nutrición en el Hospital de Especialidades Eugenio Espejo y docente en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.


La leche y todos sus productos derivados se consideran alimentos básicos en la alimentación para todos los grupos etarios. En la actualidad, gracias a la industrialización, el acceso a estos productos es generalizado.


Incluir lácteos en la alimentación diaria aporta una gran cantidad de proteínas de alto valor biológico, es decir que son 100 % aprovechables y absorbibles por nuestro organismo. La leche y sus productos derivados proveen hidratos de carbono, azúcar, grasas, minerales, vitaminas, calcio y fósforo. Las proteínas de los lácteos son de fácil digestión, al consumir leche de vaca estas llegan a la mucosa intestinal y al metabolizarse y ser absorbidas se convierten en inmunomoduladoras, es decir que, además de estar relacionadas con el fortalecimiento de la flora intestinal, son capaces de proteger al sistema nervioso, digestivo, cardiovascular, y por ello cuidan a quienes las consumen de contraer ciertas enfermedades.


Evitar o suprimir el consumo de leche de vaca y sus productos derivados compromete la calidad de la dieta diaria, y su impacto dependerá de la etapa de vida de la persona. Para las mujeres gestantes, por ejemplo, reducir o eliminar el consumo de lácteos (salvo por prescripción médica) genera consecuencias no solo en la salud de la madre, si no también del bebé. Estudios han demostrado que las madres gestantes que consumen lácteos dieron a luz a niños con peso y estatura adecuados, mientras que aquellas que eliminaron estos alimentos de su dieta dieron a luz a niños con problemas de peso y estatura.


Para los adultos mayores, el consumo de lácteos tiene una relación directa con la buena salud: por ejemplo, la vitamina d -presente en estos alimentos- evita y mejora cuadros de sacropenia, depresión y fortalece incluso el nivel cognitivo.


Finalmente, en niños, el consumo de lácteos es vital. Estos alimentos son fuente de minerales, vitaminas y nutrientes. El calcio de la leche y sus derivados es biodisponible, es decir que se absorbe con mayor rapidez y en mayor cantidad que aquel presente en otros alimentos.


La pandemia por coronavirus ha visibilizado la necesidad de mantener un estilo de vida saludable mediante una alimentación balanceada, y para ello el consumo de lácteos es clave. Los lácteos son aliados para fortalecer y cuidar el sistema inmunitario, lo que tiene como consecuencia la prevención de enfermedades o, incluso, la capacidad de enfrentar con mayor fuerza a ciertas patologías. Pese a que la COVID-19 tiene todavía muchos enigmas por resolver, es un hecho que los sistemas inmunitarios fuertes reaccionan de mejor manera ante enfermedades virales. En ese contexto los lácteos, además de ser un alimento asequible, sano y nutritivo, son la pieza clave para erradicar padecimientos que, más que ser una mera enfermedad, se convierten en un problema de salud pública que cala, incluso, en aspectos como el desarrollo social y económico de las naciones.


Existen dos realidades contrapuestas: obesidad y desnutrición. En ambos escenarios los

lácteos se proyectan como un aliado para erradicarlos. En el primero, se ha demostrado que el alto contenido de calcio de estos alimentos tiende a facilitar la absorción de la grasa. En el caso de la desnutrición, el consumo de dos o tres lácteos al día puede aportar la cantidad de nutrientes necesarios para que el desarrollo físico y cognitivo durante la infancia sean adecuados.


Por otro lado, la actividad física exige llevar una alimentación balanceada: para los deportistas que suelen tener requerimientos nutricionales especiales el consumo de lácteos está recomendado en cantidades mucho mayores -incluso de cuatro a cinco raciones en el día-, además el consumo de lácteos después de la actividad física ayuda a recuperar el desgaste proteico y muscular.


La eficiencia de un sistema inmunológico depende de una alimentación saludable y esta debe incluir variedad de alimentos (y dos a tres porciones de lácteos al día). No existe un “alimento milagro”, pero una dieta balanceada sí garantiza un sistema inmunológico fuerte: menos propenso a contraer enfermedades y más capaz de enfrentarlas en caso de que aparezcan.


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